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Colombia ante un nuevo rumbo: ¿qué viene para las energías renovables?
Colombia entra en una nueva etapa para las energías renovables. El reto ya no es solamente aumentar la capacidad instalada, sino consolidar una transición energética capaz de resistir los cambios de gobierno, fortalecer la infraestructura e impulsar el desarrollo de los territorios.
Colombia ante un nuevo rumbo energético
Cada cambio de gobierno vuelve a poner sobre la mesa una pregunta decisiva: ¿qué se mantiene y qué empieza de nuevo?
En energía, Colombia llega a 2026 con avances que ya no permiten tratar la transición como una discusión lejana. En julio, el país alcanzó 4.654,31 MW de capacidad instalada en proyectos solares y eólicos, mientras el 74,19 % de la capacidad instalada del Sistema Interconectado Nacional correspondía a fuentes hidráulicas, solares y eólicas.
Sin embargo, las cifras no cuentan toda la historia. Instalar capacidad no garantiza que los proyectos puedan conectarse, sostenerse ni traducirse en oportunidades para las regiones.
Por eso, ante el nuevo gobierno, la pregunta ya no debería ser si Colombia está a favor o en contra de las renovables, sino qué velocidad, profundidad y dirección tendrá su crecimiento y si los avances alcanzados podrán consolidarse como una política de largo plazo.
El verdadero desafío consiste en transformar el crecimiento de la capacidad renovable en una política energética capaz de generar confiabilidad, oportunidades y desarrollo para los territorios.

Seguridad energética y transición no deberían ser caminos opuestos
La nueva administración ha puesto la soberanía y la seguridad energética en el centro de su discurso, al tiempo que ha planteado recuperar la exploración de petróleo y gas y volver a estudiar alternativas como el fracking.
Allí aparece uno de los principales retos para la nueva dirección del sector energético: fortalecer la confiabilidad del sistema sin convertir esa urgencia en un retroceso para las energías renovables.
Una matriz verdaderamente soberana debería diversificar sus fuentes y, además, fortalecer la infraestructura, el almacenamiento y la capacidad tecnológica del país.
El reto no consiste únicamente en producir más energía, sino en construir un sistema energético más confiable, diversificado y preparado para responder a los desafíos del futuro.
